latinoamérica
Coroico, un pueblo entre las nubes (Bolivia)
Al norte de La Paz, se encuentra un destino muy cotizado por los turistas. Un pueblo en la punta de una montaña llamado Coroico.
Es tranquilo, muy turístico, de paisajes impresionantes. Desde sus calles y miradores puedes ver el profundo valle que está en frente.
Al igual que Silent Hill, este pueblo gran parte del día está envuelto en la niebla, que le da un look especial. Un destino que, para un mochilero empedernido como yo, es plenamente recomendable.
Desde los miradores de Coroico un día despejado, se puede ver el impresionante valle que se encuentra en frente
Las calles de Coroico toman cierto aspecto fantasmal cuando las invade la niebla. Muy sutilmente se van difuminando los contornos de los tejados
El camino de la muerte
El camino hacia Coroico es una aventura en si.
Ya que hay que llegar a este pueblo por "el camino de la muerte", llamado así porque definitivamente parece que la muerte se apoderó de esa ruta.
Demasiados accidentes decorados con cruces en las "animitas" de los costados. Muy estrecha y peligrosa, sólo hay espacio para un automóvil
y cuando dos vehículos se topan de frente en una curva, uno debe comenzar a retroceder... Brrr... Arriba cae una cascada, y al costado el precipicio se pierde en la niebla. Toda una prueba para los nervios.
Otro detalle que debo mencionar, es que además hay que estar muy atento porque en cualquier curva se puede aparecer la silueta de "la mujer de blanco", una entidad fantasmagórica que se aparece en medio de la niebla...Pero, ¡Cuidado!... Su presencia es sólo para distraer al conductor y hacerlo caer al barranco y así cobrar su venganza con los conductores latinos que un día al verla moribunda junto al camino, nunca se detuvieron a ayudarla. Me hubiese gustado sacar una foto de ella, pero por razones obvias, no la tengo.
Sobre la movilización caen cascadas, desde lo alto de la montaña que se pierden en las profundidades de la niebla.
Especialmente adrenalínico se torna los días que sobre la ruta cae la lluvia a cántaros.
Villa tunari en el Chapare: Lugar bello y misterioso lleno de mitos y leyendas.
Leyendas de Villa Tunari y el Chapare, en Bolivia.
La noche cae plácidamente sobre las tierras del Chapare, comienza el cantar misterioso las aves y criaturas del lugar, algunos dicen que son los guácharos, los pájaros ciegos, que revolotean aprovechando la ausencia de luz que daña sus delicados ojos, otros aseguran que son los brujos que salen a merodear y a martirizar a los mortales. En la lejanía, y en la orilla del caudaloso río, los pescadores hacen sus fogatas, única fuente de luz que quiebra la oscuridad. Al caminar por la rivera, me cruzo con uno de ellos. Delgado anciano, de marcados rasgos Quechua, mirada cansada sobre una cana barba, en cuclillas hábil y equilibrado, muy abrigado con coloridos tejidos para arriba, pero en roñosos calzoncillos y pies descalsos sobre la arena mojada. Sobre sus hombros quedaban resto de "mixtura" que indicaba que durante el día algo se había celebrado. Me dirige la palabra, pero no le entiendo lo que me dice. -"Tu no eres de aquí"- me dice a continuación.- "¿Cómo lo sabe?"-respondo descolocado. -"Te he hablado en quechua y no me haz respondido". Bastó un pequeño intercambio de palabras para que la confianza se hiciera presente y se instalara en nuestra conversación. Plácidamente sus palabras como arrancadas del río comienzan a fluir, a ser un acompañamiento más de las luciérnagas que furiosas respondían con sublimes chispazos a los relámpagos de las nubes en el horizonte. Maico era su nombre, es de origen quechua, su piel curtida por el sol y aderezada por la humedad, dejaba verse aún con la titilante luz de las llamas que la fogata, las cuales danzaban torpes tratando de imitar el vaivén de las caderas de una bailarina de "kullawada". La noche siguió avanzando, y el viejo como divino tesoro extrajo de una vieja bolsa, coloridamente tejida y guardadora de secretos milenarios, un puñado de hojas de coca, y me invita a "Pijchar" (mascar la hoja). Aunque al principio no me gusta su sabor, lentamente se adormece mi boca y es reemplazado por el cadente y adormilado mascar de las hojas de ese milenario arbusto.
Al soltar su mágico jugo, las historias comienzan a fluir, en un muy mal español, que deja impúdicamente escapar más de alguna palabra en quechua, huaraní, o algún otro dialecto que para alguien poco experimentado como yo sería difícil de clasificar (y que lamentaré no poder imitar exactamente para relatar aún mejor mi experiencia). En las sombras, entre los arbustos, los grillos por un momento se silenciaban, se perciben los abiertos ojos de las criaturas nocturnas de la selva, que dejan de lado sus quehaceres para prestar el máximo de atención a lo que Maico comienza a narrarme:
-"¿Haz bajado por la escalera del chorro?"- Me pregunta. "Si" - le contesté.-"Y , ¿haz contado cuántos escalones tiene?" -"¿No, por qué?" - dije mirándole asombrado. - "Porque en noches de luna llena como ésta, ocurre una peculiaridad... Se dice que hubo un joven trabajador de apellido Quispe, quien trabajó en la construcción de la escalera, junto a la pequeña cascada. En una ocasión, se quedó trabajando hasta muy tarde, en una noche de lluvia tormentosa, cuidando que el cemento no fuera desmoldado de la madera que le retenía. Sorpresivamente, vió en el chorro de agua que cae por el lado, una pequeña niña que le miraba. -"Eh, niña, vete a tu casa que te estás mojando"- La niña palideció, con rostro inexpresivo. El trabajador se acercó a ella para preguntarle que por donde había bajado hasta ahí, y decirle que no podría subir por la escalera de cemento fresco. Pero al acercarse, cual un alma, la niña retrocedió adentrándose en las aguas del chorro, y perdiéndose en ellas como una vela extinguiéndose suavemente. El trabajador desesperado corrió a salvarla, pero cual sería su sorpresa al meterse en la cascada, no pudo encontrar nada ahí. Esa noche no durmió. Al otro día espantado corrió a contar lo que le había ocurrido, al pueblo de Villa Tunari, pero sólo logró arrancar carcajadas entre quienes le escuchaban. Más, de la muchedumbre, avanzó una anciana, que le preguntó que cómo era esa niña. Al describirla, el rostro de la anciana palideció, coincidía perfectamente con la descripción de su hija, muerta hace muchos años precisamente en el chorro de agua. Narró su historia a los presentes: la desdichada niña, en un caluroso día, bajó a refrescarse en el chorro. Alegre y vivaz como era, sus risas inundaban de música y competían con el ensordecedor ruido de las aguas cayendo. Pero una vez al interior de las aguas, sorpresivamente le cayó en el cuello, una víbora que venía nadando por las aguas altas del manantial. El reptil, traicionero, mordió a la niña inyectándole su mortal veneno. La pobre se desplomó como un ángel sin alas sobre el empedrado fondo. Se dice que las víboras son animales muy celosos que no gustan ver risas en la boca de la gente. Tras la muerte de la niña, el pueblo cayó en luto. Y como era una niña muy pobre, su madre no tubo para enterrarla en un cementerio. Así los restos del ángel fueron sepultados cerca del lugar de su muerte. Aquella cascada que le vio reír y morir, en un desdichado día. Desde entonces hay quienes aseguraban haber escuchado la risa de una niña en el fondo de la cascada" . -
El viejo sacó algunas hojas de adormecente coca, me dió un poco y las restantes se las echó en su boca y mascando devotamente, continuó su relato.-"Varias noches después, el trabajador, obligado por su capataz, amenazado de que no se le pagaría su labor, se quedó nuevamente terminando la escalera hasta avanzada la noche. Cuando estaba ya a punto de terminar el último escalón, un sonido le congeló la sangre... Era el sonido de unos pasos que quedamente descendían por los peldaños, más nadie se veía producirlos. El miedo fué tan grande que corrió en dirección contraria adentrándose en lo oscuro de la noche... Alguién contó que a lo lejos unos pescadores le vieron correr al río, y perderse en sus turbulentas aguas. Nunca más se supo de él hasta el día de hoy, y ese inconcluso peldaño se dice que en noches de luna, aparece, para aumentar en uno, la cantidad de peldaños de la escalera del chorro. Se cuenta que si bajas por ella, contándolos, y encuentras ese peldaño faltante, la Pachamama te concederá un deseo, una virtud para tu alma pura. Pero ay de aquel, que presa de la ambición, desee sólo bienes materiales para el disfrute propio... Automáticamente ese deseo bendito se transformará en una maldición, que lo atormentará hasta el final de sus días... y aún más allá".
Con esas palabras, el viejo concluía su relato. Las llamas casi extintas de su fogata apenas dibujaban un tímido brillo en sus ojos, perdidos en lontananza. Hubo silencio. A lo lejos los truenos parecían aplaudir el relato del anciano. El bolo de mi boca de las ovaladas hojas de coca, me habían adormecido los sentidos, y un sueño de oscuridad avasalladora se instaló sobre mi alma. La falta de costumbre al pijchar, me jugó una mala pasada, relajándome hasta casi quedarme dormido sentado. Así entre cabeceos, y con los párpados adormilados, pude ver, casi de reojo, como el anciano se levantaba sobre la demacrada musculatura de sus piernas. Caminó hacia la orilla del río, lentamente, sin decir palabra.
Y aunque traté de incorporarme, no lo pude hacer. Así entre parpadeos, no estoy seguro, y créanme que hasta yo desconfío de mis sentidos en ese estado... Pero juraría que lo vi sumergirse en las oscuras aguas del río, acompañado por una niña... como prisionero de un mal pedido deseo...
Villa Tunari en el trópico del Chapare.
Villa Tunari vista con los ojos de los satélites de Google Earth. Desde arriba se ve como una península verde rodeada de ríos, y frente al pueblo, cruzando el puente, está el Parque Macchia, lugar de protección animal muy visitado por gente de todo el mundo.
Un destino soñado, de clima tropical y lluvioso.
Un tranquilo, muy tranquilo pueblo, en medio de ríos y selvas. Muy económico, ya que encuentras hostales desde 3 dólares. Frente al pueblo hay un parque dedicado a la recuperación de animales que han sido rescatados. Se llama "Parque Machia" y es todo un refugio para animales maltratados. Puedes ser voluntario en él, aunque igual hay que pagar tu alojamiento, la experiencia vale la pena, ya que a esa comunidad llegan extranjeros de todo el mundo.
Caminar por villa en la noche y nadar en sus ríos es una verdadera experiencia anti-stress...¡Absolutamente recomendado!
Por cierto traten de ver la película "Quien mató a la llamita blanca", es una comedia irreverente, tipo "road movie" de una pareja de collas (gente indígena) que se hacen llamar "los tortolitos".
Es bastante divertida y refleja de forma muy ácida el gran problema de racismo que se vive entre la gente Bolivia. Unas escenas fueron filmadas precisamente aquí, en villa tunari.
Caminar por villa de noche y escuchar el croar de las ranas, los sonidos con los que nos premia la naturaleza están ahí. Para quien quiera oírlos.
En los atardeceres los ríos se transforman en espejos de plata que reflejan la inmensidad del firmamento
link: http://www.youtube.com/watch?v=io4QUel3xIg&feature=player_detailpage
Dentro de las cosas que más llaman la atención, es la diversidad de etnias, que dan origen a bailes tan pintorescos como lo son: el Tinkú, Tobas, o kullawadas.
Carnaval 2007 - Mercado
Colores, sonidos y sabores de un país latino que bien vale la pena recorrer.
El carnaval es un estallido de colores y sonidos, mezclados con fé y paganismo. Es imposible no contagiarse al ritmo de las comparsas y caporales. Aunque el carnaval más famoso es el de Brasil, me llamó mucho la atención que por estos lados es igual de alegre y grandilocuente.
La fé y la devoción le entregan fuerza y energía suficiente a quienes le dan gracias danzando a la Pachamama (la madre tierra) por lo que les brindó el año pasado, así como rogar con su baile por el bienestar futuro.
La Paz - Bolivia
¿La Paz?...¡Caótica!
De paz tiene bien poco, pero a pesar del caos propio de una gran ciudad, hay algo que llama la atención... ¡Que funciona como reloj!
Pero a mi la altura me apunó (Puna: mal de alturas) a pesar que probé con varios remedios, el más simple me dió resultado...¡Aspirina con Coca cola es santo remedio!
Lo bello no sólo se encuentra al final del camino
Viajando de Arica, en Chile. Rumbo a Villa Tunari, en Bolivia, hay una diversidad de paisajes que van desde áridos desiertos, como el impresionante valle de la luna en el norte de Chile hasta profundas selvas entre Bolivia, Perú y Brasil. Un mundo de variados climas, colores, sonidos y paisajes espera a los sentidos de quien quiera hacer este viaje.
Quiero compartir contigo una experiencia: En cierto viaje que se supone que duraría 4 horas, duró 18 horas, tuvimos que dormir en el bus, por causa de los bloqueos de caminos. A mi lado había una enfermera sueca, que vivía en Bolivia, con quien compartimos una larga plática de la cual extraeré sólo una pregunta.
Al ver la incomodidad de dormir sentados, un viaje larguísimo y sin baño. Le pregunté a esta enfermera: -"En Suecia tenías una vida modernísima, llena de adelantos y comodidades. ¿Porqué te viniste a trabajar a un país tan distinto como Bolivia?"- A lo cual me respondió: - "Es que acá es donde hay cosas que hacer. ¿Qué voy a hacer en Suecia, si es un país en donde todo ya está hecho?"...Y créanme, hasta el día de hoy esa simple respuesta ha deambulado por mi cabeza.
En el trayecto se pueden apreciar áridos desiertos y paisajes de belleza hostil. Y sin embargo, ahí, en el lugar más impensable, brota la vida y los poblados de gente colonizadora
Agricultura de los cocaleros
Una de las actividades de esta zona es la agricultura, generalmente fruta exótica, como en el sembradío de piñas que vemos en la foto de abajo.
Pero las siembras hay que cuidarlas a punta de machete, ya que el descuido haría que la selva tapara la siembra. Pero, además, esta es una zona de conflicto, porque ancestralmente se siembra el arbusto de coca, generalmente a escondidas y en la selva, ya que el gobierno hace un tiempo que está controlando esto. Porque aunque la hoja de la planta con usos medicinales e inocuos es muy efectiva, también existe la posibilidad que se use para hacer droga. El conflicto comienza con la pregunta ¿cómo se puede desaparecer el cultivo de coca de una cultura que lleva siglos sembrándola? La gente necesita ganarse la vida, y la siembra de coca da cosecha como 4 veces al año, mientrs que las convencionales sólo una. Así que supongo que habrá conflicto por varios años más, ya que la gente del chapare ve a la hoja de coca como una riqueza nacional.
Por cierto, si algún campesino te invita a "pÿjchar" (mascar coca como si fuera chicle) es una clara señal que le simpatizaste mucho. ¡Considéralo un gran halago!
Y pensar que este árbol ha estado acá aún antes que naciera mi abuelo. ¿Cuántas cosas podía contar si nos hablara?
Ojalá la deforestación nunca lo alcance, señor árbol. gracias por el aire que me entrega y con el que hoy hincho mis pulmones.
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Insectos y plantas increíbles
"Pico de loro" es una exótica planta cuya flor es imposible dejar de admirar. Ya que posee una forma perfectamente simétrica, y colores vívidos.
Otro de los insectos más pintorescos que logré fotografiar, es este insecto-hoja, que los lugareños llaman "cocalero". Por su semejanza con la hoja de la planta de coca.
También muy comunes son estas coloridas langostas, que parecen vestidas para ir a carnavales, en ellas podías encontrar todos los colores del arco iris.
Por las noches, cientos de luciérnagas se suman a los rayos y relámpagos, y hacen de la noche selvática una experiencia difícil de olvidar...¡Espectacular!